filosofia

BṚHADĀRAṆYAKA UPANIṢAD

V.2 · LAS TRES VIRTUDES

Quinto ADHYĀYA ·

Segundo BRĀHMAṆA

1. Las tres clases de descendencia del Creador, dioses, humanos y demonios, vivían con su padre Prajāpati una etapa de pureza. Al terminarla los dioses le dijeron: Instrúyenos, Señor. Y entonces él les pronunció la sílaba Da, preguntándoles: ¿Habéis comprendido? Hemos comprendido, contestaron. Nos has dicho: Controlaos a vosotros mismos. Sí, les dijo, habéis comprendido.

Esta parte comienza prescribiendo las tres disciplinas, una: la de auto-control. «Las tres clases de descendencia de Prajāpati [...] vivían con su padre como estudiantes [...]». Vivían como estudiantes, ya que el estado de pureza o castidad (al que se alude en el texto) es el más importante de los aspectos de la vida de estudiantes con su padre Prajāpati. ¿Quiénes eran ellos? Los dioses, los humanos y los demonios, concretamente. Al terminar esta etapa, los dioses ¿qué hicieron? Le dijeron a su padre Prajāpati: Instrúyenos, Señor. Y cuando ellos querían su instrucción, él les pronunció la sílaba «Da». Y al decírselo les preguntó: ¿Habéis comprendido el significado de la sílaba que os he enseñado o no? Los dioses dijeron: Hemos comprendido. Si es así, decidme lo que he dicho. Y los dioses dijeron: Nos ha dicho: Controlaos a vosotros mismos, porque vuestra naturaleza es desordenada. Y él dijo: Sí, habéis comprendido.

2. Entonces los humanos le dijeron: Instrúyenos, Señor. Y él les pronunció la misma sílaba Da, preguntándoles: ¿Habéis comprendido? Hemos comprendido, contestaron. Nos has dicho: Dad. Sí, les dijo, habéis comprendido.

La parte que es común (con el verso anterior) ya ha sido explicada. Nos ha dicho: Dad, repartid vuestras riquezas lo mejor que podáis, porque sois naturalmente avariciosos. ¿Qué más podrías decirnos por nuestro bien?, dijeron los humanos.

3. Y los demonios le dijeron: Instrúyenos, Señor. Y él pronunció la misma sílaba Da, preguntando: ¿Habéis comprendido? Hemos comprendido, contestaron. Nos has dicho: Compadeceos. «Sí, les dijo, habéis comprendido». Y esto es lo que repite la voz celestial del trueno: Da, Da, Da. «Controlaos», «Dad», «Compadeceos». Y éstas son también las tres cosas que se deben practicar: el auto-control, la caridad y la compasión.

Así a los demonios se les dijo: Tened compasión, sed buenos con todos, porque sois crueles, dañáis a los demás. Esa misma enseñanza de Prajāpati (el Creador) es válida en nuestros días. Prajāpati enseñó formalmente a los dioses y los demás y enseña incluso hoy por la voz celestial del trueno. Aquí se oye la voz de los cielos. ¿Cuál voz? La del trueno que resuena «Da, Da, Da». Controlaos, dad y compadeceos. La sílaba «Da» se repite tres veces imitando los tres términos anteriores. No quiere decir que un trueno produzca sólo esas tres notas, pues sabemos que no tiene esa limitación. Y debemos aprender esas tres enseñanzas de Prajāpati hoy en día como las enseñó: Control, caridad y compasión, tal como son. Los seres humanos suelen pensar: Podemos dejar a un lado las enseñanzas de Prajāpati. La tradición dice: Lujuria, cólera y avaricia son las tres puertas del infierno destructivas para el ser humano. Por eso se debe renunciar a las tres (B. Gīt XVI, 21). El texto anterior es sólo una parte de esta prescripción: «Se debe aprender [...]». Y los que han especulado sobre los motivos de los demás sostienen diferentes puntos de vista respecto a por qué pronunció Prajāpati tres veces la misma sílaba «Da» ante los que le pedían una enseñanza separada. Y también sobre cómo comprendieron diferentemente su intención a partir de la misma sílaba «Da». Algunos dicen ante esto: Los dioses, humanos y demonios se consideraban a sí mismos culpables de falta de control, caridad y compasión respectivamente y viviendo con Prajāpati como estudiantes sospechaban lo que él podría decirles. Por eso, tan pronto como escucharon la sílaba «Da», su propio miedo les llevó a entender sus significados. Es un principio conocido en la vida el que los hijos y discípulos han de ser disuadidos del mal por instrucción. Por eso Prajāpati estaba acertado al pronunciar la sílaba «Da», y también lo estaban los dioses y demás en entenderla de diferente manera según sus respectivos defectos. Porque la sílaba «Da» está en las tres palabras. A partir de aquí queda claro que cuando se es consciente de los propios defectos se pueden eliminar a la más mínima advertencia, como ellos hicieron con la simple sílaba «Da». Surge una objeción: Bueno, esta instrucción era para esas clases de seres, e incluso estaban adoptando sólo una enseñanza cada uno. No está claro que incluso hoy los seres humanos deban aprender las tres. La respuesta del vedantín es: En los tiempos antiguos las personas se distinguían prácticamente así, por eso las personas han de practicar las tres. Pero ¿no se debería excluir la compasión, ya que era practicada por los demonios, personas indeseables?, dice el objetor. No, responde el vedantín. Porque las tres instrucciones son igualmente buenas. Y hay algún otro significado en ello. Las tres clases, dioses y demás, eran hijos de Prajāpati. Y un padre debe enseñar a sus hijos sólo lo que es bueno para ellos. Así Prajāpati, que sabía lo que era bueno para ellos, no podría haberlos enseñado otra cosa. Por lo que esa instrucción a sus hijos es enormemente beneficiosa. Y los seres humanos deben aprenderla en sus tres aspectos. También puede entenderse que no hay más dioses ni diablos que los propios hombres. Y aquellos entre los humanos que están esperando el auto-control, pero por otro lado tienen muy buenas cualidades, serían los dioses. Aquellos que son especialmente ambiciosos serían los hombres, mientras que los que son crueles y hacen daño a otros serían los demonios. Así, es la misma clase de seres, los humanos, según su falta de control, o de los otros dos defectos, y según también su tendencia al equilibrio, actividad e inercia, se le puede dar el título de dioses, hombres o diablos. Por consiguiente, en el ser humano quien debe aprender las tres insinuaciones de Prajāpati, dio su consejo únicamente a ellos, pues los seres humanos [...] no saben son impetuosos, avariciosos y crueles. La tradición revelada dice también «Lujuria, cólera y avaricia [...] (son destructivas para el ser humano). Por eso se debe renunciar a ellas» (B. Gīt XVI, 21).

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