purusa

bordemor

Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad III.3 · Las obras afectan al mundo relativo Texto de la Upaniṣad y comentario de Śaṅkara
Edición de Consuelo Martín · Trotta, 2002 Normalización de trabajo

Segundo Libro · Yājñavalkya

Tercer Adhyāya

— Vedas Studio

bordemor

Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad III.3 · Las obras afectan al mundo relativo Texto de la Upaniṣad y comentario de Śaṅkara Edición de Consuelo Martín · Trotta, 2002 Normalización de trabajo

SEGUNDO LIBRO · YĀJÑAVALKYA

TERCER ADHYĀYA

TERCER BRĀHMAṆA

LAS OBRAS AFECTAN AL MUNDO RELATIVO

La atadura o esclavitud bajo la forma de los perceptores y los objetos percibidos (grahas y antigrahas) se ha explicado ya. Aquello que junto con sus causas ciega a un ser humano y le hace transmigrar, aquello que le hace libre cuando lo supera es la muerte. Y la liberación de ella es posible porque existe la muerte de la muerte. El ser humano liberado no va a ningún lugar. Se ha decidido que todo lo referente a él se abandona quedándose sólo con el nombre como cuando una luz se apaga. Aunque los cuerpos y los órganos del que transmigra y aquellos que han de ser liberados (al morir) están igualmente conectados con sus causas, los cuerpos y los órganos del liberado desaparecen por siempre, mientras los del que transmigra se vuelven a ocupar en la acción, tal como se ha concluido tras los razonamientos anteriores. Y cuando quedan agotadas las obras todo es destruido, salvo el nombre, y eso es liberación. Esas obras pueden ser buenas o malas, ya que se ha afirmado: «Se llega a ser bueno por las buenas obras y malo por las malas» (III, 2, 13). La existencia relativa se debe a eso. Entre las obras, las malas esclavizan al ser humano a sufrir a través de repetidos nacimientos y muertes en cuerpos móviles e inmóviles, llenos de dolor, incluidos los de animales inferiores, espíritus y habitantes del infierno. Todo esto es tan conocido por las gentes como la calle principal (de su ciudad). Las escrituras ponen la atención aquí únicamente en las obras buenas que están en armonía con sus enseñanzas, el hacerse bueno por las buenas obras. Y tanto los textos de las escrituras reveladas como los de la tradición son unánimes en un punto: que sólo las buenas obras conducen a todo lo que el ser humano aspira. La liberación es un objeto anhelado por el ser humano, luego se podría pensar que también puede obtenerse por las obras. Además como las obras son cada vez mejores, también lo será el resultado, por lo que se podría deducir que un alto grado de excelencia en las obras podría conducir a la liberación. Esta idea ha de ser eliminada. El resultado de las obras excelentes unidas a la meditación es insuficiente, porque las obras y sus resultados están limitados al universo manifestado de formas y nombres. Las obras no tienen acceso a Aquello (lo Absoluto) que no es un efecto, sino que es eterno, inmanifestado, está más allá del nombre y la forma y no tiene las características de las acciones con sus factores y resultados. A lo único que tienen acceso es al mundo relativo. Para expresar esta idea se presenta esta tercera parte (del tratado). Algunos dicen: Las obras desinteresadas junto con la meditación pueden producir una distinta clase de efectos, así como el veneno tiene diferente efecto que la cuajada de leche, por ejemplo. No, dice el vedantín, porque la liberación no es un efecto. Es la destrucción de las ataduras no una cosa creada. Y ya hemos dicho que la atadura es ignorancia, que no puede ser destruida por obras, ya que éstas sólo pueden funcionar en el campo de lo visible. El producir, el conseguir, el modificar y el purificar son las funciones de las obras. En otras palabras, las obras pueden producir o llevar a una meta, o modificar o purificar algo, pero su función no va más allá de eso, ya que nadie sabe nada que lo sobrepase. Y la liberación no es ninguna cosa conocida. Hemos dicho que está simplemente oculta por la ignorancia. Es verdad, dice el objetor: Admitimos que las simples obras son de esa naturaleza (relativa). Pero las obras desinteresadas unidas a la meditación son de naturaleza diferente. Es una experiencia común que las cosas que se sabe tienen una propiedad particular, como el veneno o la cuajada, cambian su propiedad si se las combina con especial acierto, hechizos (para el veneno) o azúcar (para la cuajada). ¿Por qué no admitir lo mismo respecto a las obras? La respuesta del vedantín es: No. Porque no hay una evidencia de base. No existe la evidencia, ni por percepción, ni por deducción, ni por comparación, ni por hipótesis, ni por testimonio de las escrituras, que pruebe que las obras tengan más función que la señalada antes. El objetor dice: Si no existiera otro resultado, las prescripciones (escriturales) carecerían de sentido. Y esto, sin duda, es una prueba. Lo explicaré mejor. No debe suponerse que los actos rituales regulares tengan como resultado el cielo, como sucede con el sacrificio viśvajit. En las escrituras no hay ningún resultado específico para él, sin embargo todos lo practican igual. Así en el principio del residuo la liberación se entiende como su resultado, ya que de otro modo las gentes no se preocuparían por realizarlo. Dice el vedantín: ¿No está fuera de lugar la comparación con el sacrificio viśvajit, si tenemos en cuenta que se supone como resultado la liberación? Si no se admitiera algún resultado, sea la liberación u otro, las gentes no se preocuparían por hacerlo, y por eso se supone que es la liberación el resultado, basándose en la autoridad de las escrituras, como en el caso del sacrificio mencionado antes. Siendo esto así, ¿cómo sabes que la analogía de ese sacrificio viśvajit no se aplica aquí? Supones el resultado, y niegas esa analogía. Esto es una auto-contradicción. Suponed que decimos que la liberación no es un resultado en absoluto, dice el objetor: No podréis, dice el vedantín, porque en ese caso anularíais vuestra posición. Habéis establecido que las obras como el veneno, la cuajada y demás pueden producir diferente resultado en cada caso. Ahora bien, si la liberación no es un resultado, no es efecto de las obras, eso contradeciría vuestra proposición. Y si es efecto de las obras debéis mostrar dónde difiere de otros resultados como el del cielo. Si por otra parte no es el efecto de las obras, debéis explicar lo que queréis decir al afirmar que es el resultado de los actos rituales regulares. Y no podréis sostener que hay una diferencia simplemente por el uso de las dos palabras diferentes «efecto» y «resultado». Si decís que la liberación no es un resultado y al mismo tiempo que se produce por los actos rituales regulares, o que es su resultado aunque no su efecto, os estáis contradiciendo como si dijerais «el fuego es frío». El objetor insiste: Suponed que decimos que es como el conocimiento de la verdad. Lo mismo que la liberación, aun no siendo producida por el conocimiento de la verdad, se sabe es efecto de él. ¿Por qué no tomamos el efecto de las obras en ese mismo sentido? No, dice el vedantín, porque el conocimiento de la verdad disipa la ignorancia. Y al eliminar la obstrucción de la ignorancia, la liberación es, figurativamente hablando, efecto del conocimiento de la verdad. Pero las obras no disipan la ignorancia. No es posible imaginar otra obstrucción de la liberación sino la ignorancia que no puede ser eliminada por obras, pues la liberación es eterna e idéntica con el ser del aspirante. Suponed que decimos que las obras eliminan esa ignorancia, dice el objetor. No, dice el vedantín, porque se trata de algo diferente. La ignorancia, que es no-manifestación, es el opuesto del conocimiento, que es manifestación. Pero las obras no son el opuesto de la ignorancia y por tanto es completamente diferente del conocimiento. La ignorancia en cualquiera de sus significados, como necesidad de conocer, duda o noción falsa, siempre puede ser eliminada por el conocimiento de la verdad y no por las obras en ninguna de sus formas, ya que no hay contradicción entre ignorancia y obras. El objetor dice entonces: Permítasenos entonces pensar que las obras tienen un invisible poder para disipar la ignorancia. La respuesta del vedantín es: No. Cuando está claro que el conocimiento de la verdad dispersa la ignorancia, no es razonable imaginar un poder invisible de esa clase en las obras. Lo mismo que cuando está claro que desgranar eliminará la cáscara del trigo, no imaginamos que se hará sin nuestro conocimiento (de la técnica) únicamente por los actos rituales como el del fuego. Del mismo modo no atribuimos el cese de la ignorancia a un invisible poder de los ritos regulares. Y hemos dicho repetidas veces que el conocimiento de la verdad y las obras son contradictorios entre sí. Esa clase de conocimiento que no se opone a las obras se ha mencionado como el que conduce al mundo de los ángeles o dioses, como aparece en el pasaje de las escrituras siguiente: «Mediante el conocimiento (se llega) al mundo de los dioses» (I, 5, 16). Además, si se puede suponer algún resultado a los ritos regulares mencionados en las escrituras, ha de ser el que no se oponga a las obras. No puede ser el efecto de ninguna sustancia, atributo o acción y no se ha visto nunca que tengan ningún poder las obras. ¿Podría considerarse que el resultado de esas obras tuviera algún poder que armonizara con las obras mismas? Si se pudiera suponer que esos actos rituales tienen algún resultado que induce a las gentes a practicarlos, como se deduce de las afirmaciones de la escritura, ese resultado, en armonía con las obras, no puede ser ni la liberación que es eterna, ni la cesación de la ignorancia que la obstruye, porque la primera clase de resultados debe encajar con la naturaleza de las obras y debe ser un asunto del que se conozca su funcionamiento. El objetor dice aquí: Afirmamos que en el principio del residuo la liberación debe considerarse como resultado. Lo explicaremos: Todos los actos rituales producen ciertos resultados (el cielo, etc.). Exceptuando esta clase de resultados, no encontramos ninguno más que pueda considerarse efecto de los ritos, sólo queda la liberación y es un resultado anhelado por los conocedores de los Vedas. Por tanto se debe suponer que ése es el resultado en cuestión. No, dice el vedantín, porque como los resultados individuales de esos ritos pueden ser infinitos en número, no podréis aplicar el principio del residuo. Nadie, a no ser que sea omnisciente, puede asegurar que los objetos deseados por los humanos como resultados de sus obras o el medio de obtenerlos o los deseos mismos sean un número determinado; porque no tienen lugar fijo, ni tiempo, ni causa, y están regulados por la clase de resultados que buscan los seres humanos. Además, como cada individuo tiene varios deseos, los resultados de ellos y sus medios son necesariamente infinitos. Y al ser infinitos es imposible saber cuántos son exactamente. Y al ser incognoscible el número de resultados y medios (para conseguirlos), ¿cómo se podría probar que la liberación es el único que queda? El objetor dice aquí: Sin embargo es el único restante fuera de los resultados de las obras como una clase especial. Para ser explícitos diremos que aunque los objetos deseados y sus medios sean infinitos, sin embargo caen bajo la categoría de resultados de las obras. Mientras la liberación, al no ser resultado de obras, puede quedar fuera. Por tanto, al ser lo único que queda debería ser tenido por el resultado en cuestión. No, mantiene el vedantín, porque según vosotros es el resultado de los ritos regulares, por lo que pertenece a la misma categoría de los otros resultados de las obras. Por eso no puede contarse como residuo. Y entonces hemos de concluir que la referencia a lo establecido en las escrituras está cumplida, ya que otro camino para resolver el problema, el suponer que ninguna de las funciones de producción, consecución, modificación y purificación, es el resultado de los actos rituales regulares. Suponed que decimos que la liberación es uno de los cuatro, dice el objetor: No, contesta el vedantín, porque al ser eterna no puede producir y no puede tampoco ser modificada. Por la misma razón y también por no tener la naturaleza de los medios, no puede ser purificada, ya que sólo una cosa que sirve como medio puede purificarse, como el vaso sacrificial, la mantequilla clarificada, o el poste del sacrificio, en el sentido de ser efectos de un proceso de perfeccionamiento. El objetor insiste: Entonces por el principio del residuo podría ser alcanzable. La respuesta del vedantín es: No es alcanzable tampoco, porque es idéntico al Ser e idéntico con uno mismo. El objetor dice: Teniendo en cuenta que los ritos regulares difieren de otras clases de obras, sus resultados deberían ser diferentes también. El vedantín niega: No, porque si ellos son obras iguales, ¿por qué sus resultados no habrían de ser similares a los de otras clases de obras? Podríamos decir que es porque en los dos actos operan diferentes causas, aclara el objetor. No, insiste el vedantín, porque el caso es análogo al del sacrificio de ksmavat. Por ejemplo, cuando el fuego sacrificial quema una casa, ese peculiar sacrificio se ha realizado. Tenemos incluso una prescripción: «Cuando un vaso que contiene oblaciones se rompe, o cuando el contenido se vierte, se debe hacer una ofrenda en el fuego». Y en esos ritos ocasionales no se piensa que la liberación sea el resultado. Lo mismo sucede con los ritos regulares, que no son diferentes, por su dependencia de ciertas circunstancias. El que las escrituras, por ejemplo, los prescriban de por vida. (Otro ejemplo que puede darse es:) La luz es una ayuda para cualquier visión de color. Pero la lechuza no puede ver en la luz. Sus ojos difieren en ese aspecto de los de los demás. Sin embargo su diferencia no nos lleva a pensar que sus ojos puedan también percibir el sabor, ya que no nos consta que tengan ese poder. Cualquier peculiaridad es admisible sólo en aquello a lo que nos referimos. Puede ser que para ir más lejos en la búsqueda necesitemos cierto conocimiento. Vosotros habláis de los ritos regulares que producen un efecto diferente como el veneno, la cuajada y demás, unidos a un conocimiento especial, encantamientos, azúcar, etc. Aceptémoslo así, no hay controversia sobre esto. En otras palabras, si mantenéis que las obras desinteresadas unidas a la meditación producen diferentes clases de efectos, no contestaremos a este punto. Porque entre dos personas, una que está sacrificando a los dioses y otra el Ser, las escrituras establecen la superioridad de la segunda en los siguientes textos: «El que sacrifica al Ser es mejor que el que lo hace a los dioses» (cf. Ś. XI, II, 6, 13) y «Sólo aquel que es practicado con ayuda de la meditación (es más potente)» (Ch. Up. I, 1, 10). La frase «sacrifica al Ser» es utilizada por Manu en relación con el conocimiento del Ser supremo en la estancia. «Al verse (a sí mismo en todo y todo en sí mismo) llegó a ser el que hace el sacrificio al Ser (y obtuvo la independencia)» (M. XII, 91) significa que simplemente por la identidad de su visión llegó a eso. La frase puede ser utilizada también con referencia a la primera condición del aspirante (a la realización del Ser). El que hace el sacrificio al Ser realiza actos rituales regulares para purificarse, como sabemos por las escrituras en textos como «Esta parte de mi cuerpo ha sido purificada por esto» (Ś. XI, II, 6, 13) y «Mediante los sacrificios que se refieren a la concepción» (M. II, 27). Estos textos muestran que los ritos regulares purifican el cuerpo y los órganos. Purificado por esos ritos el que sacrifica al Ser espera la identidad de visión. Y en esta o en otra vida futura alcanza la realización del Ser. El sentido es que por la identidad de visión llega a ser independiente. La frase «el que hace el sacrificio al Ser» se ha usado en relación a esta primera condición y muestra que los actos religiosos rituales junto con la meditación ayudan a acercarse a la realización. Además textos como «Los sabios son de la opinión de que el alcanzar la unidad con Virāj, los proyectores del mundo, la Muerte (Yama), la Vida total (Hiraṇyagarbha) y lo Indiferenciado es el más elevado resultado producido por la materia en su estado más puro (sattva)» (M. XII, 50) y «Todos ellos se funden en los cinco elementos» (ibid., 90) muestran la fusión en los elementos y la consecución del nivel de los dioses. Los que lean el último texto adquirirán un pobre conocimiento de los Vedas y eso puede dejarlos lejos del contexto (general de sus enseñanzas). El pasaje al que nos referimos no puede considerarse de simple elogio (como otros pasajes védicos) porque el capítulo en el que se encuentra trata de los resultados de las obras que culminan en la unidad con la Vida total y con el autoconocimiento, lo que es diferente de las obras. Y aquello corresponde a la parte que se ocupa del ritual (en los Vedas en general) y en las Upaniṣad en particular, respectivamente. Y vemos que el no efectuar los ritos prescritos y el llevar a cabo actos prohibidos conduce a la degradación del estado de objetos estáticos, de perros, de cerdos o de insectos, e incluso puede llegarse al de esas entidades elementales que comen desechos. Además nadie puede pensar en actos prescritos o prohibidos que no sean los mencionados en las escrituras y la tradición, que el contravenirlos ocasione el convertirse en una entidad elemental, un perro, un cerdo o un objeto estático; o también los que tienen como resultado la existencia que conocemos a partir de la percepción y la deducción. Y nadie niega que esos estados son resultado de pasadas acciones. Y como esos estados de conciencia bajos, de elemental, animal u objeto son el resultado de no haber realizado los actos prescritos o de hacer los prohibidos, hemos de entender que aquellos resultados más elevados que culminan en la unidad con la Vida total son con mayor motivo consecuencia de pasadas acciones. Así el pasaje que tratamos no se puede tomar como simples historias narradas para elogiar algo, como «Él cortó su propio rebaño» (Tai. S. II, I, 1, 4), «Él pregonó» (ibid., I, V, 1, 1) y demás. El objetor interviene entonces: Si esos pasajes no son historias, el tema que se debate también podría no serlo. El vedantín contesta: Veamos. Todo esto no contradice la realidad del tema que tratamos ni invalida nuestra posición. No podrías tampoco decir que la posición a la que se refiere el texto «Virāj, los proyectores del mundo, etc.» (M. XII, 50) es el resultado de actos rituales con fines materiales. Porque se ha establecido ya que tienen un nivel divino. Por tanto los ritos regulares y aquellos como el sarvamedha y el del caballo, practicados por personas con motivos interesados, llevan a conseguir la unidad con la Vida y demás. Pero a aquellos que realizan los actos religiosos regulares desinteresadamente, sólo para purificar su mente, éstos les ayudan en su camino hacia la realización. Las escrituras dicen: «Este cuerpo se ha hecho para realizar el Absoluto (Brahman)» (M. II, 28). Porque esos ritos ayudan indirectamente a esas personas, son apoyos para la realización. No hay por tanto contradicción. Éste es el sentido que se explicará al final de la historia de Janaka, en el capítulo IV (IV, 4, 22). Habéis citado los ejemplos del veneno y la cuajada. No son temas abiertos al debate, ya que se trata de objetos de percepción e inferencia. Pero aquellas (obras) que se conocen exclusivamente a través de las escrituras no pueden verse, en ausencia de afirmaciones explícitas, con propiedades análogas a las del veneno o la cuajada. Las escrituras no se consideran autoridad en asuntos que contradigan otros medios de conocimiento como por ejemplo si se dijera: «el fuego es frío y humedece las cosas». Mientras que si un texto se descubre que tiene el significado dado por las escrituras, la evidencia de los otros medios de conocimiento podría ayudar a verlo como una falacia. Por ejemplo el ignorante piensa en el firmamento como una superficie azul o en un insecto rojo como si fuera fuego. Se trata de percepciones sin duda, pero la evidencia de otros medios de conocimiento sobre la verdad de ellas las muestra como falacias, a pesar de ser experiencias. Por tanto la autoridad de los Vedas es inviolable y esto nos lleva a que tomemos un pasaje exactamente con el sentido que allí se ha probado y no según la estrechez de la mente humana. El sol no deja de revelar los objetos aunque la mente de los humanos sea así. Del mismo modo los textos védicos no pueden eliminar su sentido. Por eso queda probado que las obras no conducen a la liberación. Y esta parte del tratado se presentó para mostrar que los resultados de las obras entran dentro del ámbito de la existencia relativa.

1. Entonces Bhujyu, nieto de Lahya, le preguntó: «Yājñavalkya: Viajando en Madra como estudiantes, estuvimos en la casa de Patañcala del linaje de los Kapi. Su hija estaba poseída por un ángel (gandharva)43. Le preguntamos ¿quién eres tú? Y él dijo: "Soy Sudhanvan del linaje Aṅgiras". E inquiriendo por los límites del mundo, le dijimos: "¿Dónde fueron los descendientes de Parikṣit?" Y ahora yo te pregunto a ti, Yājñavalkya ¿dónde fueron los descendientes de Parikṣit?, ¿dónde fueron?».

Cuando el descendiente de Jāratkāru dejó de hablar, el nieto de Lahya, llamado Bhujyu, le preguntó: «Yājñavalkya...». La meditación en el sacrificio del caballo se ha tratado al principio del libro, produce resultados colectivos e individuales. Tanto combinado con la meditación como por el mismo, es el más elevado de todos los actos rituales. Las escrituras dicen: «No hay nada peor que matar a un noble brāhmaṇa ni nada más meritorio que el sacrificio del caballo». Porque con él se consiguen dos objetivos, los resultados colectivos y los individuales. En todas partes del universo se han mostrado los resultados individuales del sacrificio del caballo. Y se ha dicho: «La muerte se convierte en su Ser, y llega a ser uno con esas divinidades» (I, 2, 7). La muerte es hambre y también se llama inteligencia cósmica, el agregado, el nacido primero, el aire, la cósmica energía, verdad (satya) e Hiraṇyagarbha. Aquello que es la esencia del universo entero, individual y colectivo, el ser interno del cuerpo sutil de todos los seres, la esencia de lo sutil donde se encuentran las obras de todos los seres, aquello que es el más elevado resultado de los actos rituales y las meditaciones relacionadas con ellos, tienen como su campo todo el universo manifestado. Cuán lejos llega su rango, cuál es su extensión que flota alrededor como un globo, es lo que hay que establecer. Y si se hace esto, el mundo entero de la atadura y esclavitud será descrito. Para mostrar el carácter extraordinario de la meditación en identidad con el universo, tanto colectivo como individual, Bhujyu menciona un incidente de su propia vida. Piensa confundir de esta manera a su oponente. Viajamos por el territorio llamado Madra como estudiantes observando el voto adecuado a los estudios, o como sacerdotes llamados adhvaryus, «estuvimos en la casa de [...] su hija estaba poseída por un gandharva», un ser no humano. También la palabra puede aludir al fuego que se veneraba en la casa, la deidad que es sacerdote. Se dice esto por su conocimiento especial, ya que un ser ordinario no puede tener esa clase de conocimientos. Le rodeamos y le preguntamos: ¿quién eres tú?, ¿cuál es tu nombre y qué clase de ser eres? «Y el gandharva dijo que era...». Cuando le preguntamos por los límites del mundo, nosotros que éramos un grupo deseoso de conocer la extensión de la órbita cósmica, orgullosos de nuestra buena fortuna, le dijimos: «¿Dónde fueron los descendientes de Parikṣit?». Y el ángel (gandharva) nos contó todo sobre ello. Al haber sido yo instruido por un ser celestial sé algo que tú no sabrás. Y así quedarás derrotado. Ésta es la idea. Yo que poseo el conocimiento revelado por un ser celestial te pregunto: Yājñavalkya, ¿dónde fueron los descendientes de Parikṣit?, ¿lo sabes? Dime: ¿dónde, dónde fueron?

2. Yājñavalkya dijo: (el ángel) evidentemente te diría que ellos fueron donde van los que realizaron el sacrificio del caballo. Y ¿dónde van esos practicantes? Treinta y dos veces el espacio cubierto por el carro del sol en un día forma este mundo. Alrededor de él, cubriendo dos veces el área, está la tierra. Alrededor de la tierra, cubriendo dos veces el área, está el océano. Y ahí, en un espacio como el filo de una navaja o el ala de una mosca, que se encuentra completamente abierto a la unión (de las dos partes de la concha cósmica), ahí fueron. El fuego, Indra, en forma de halcón los entregó al aire, y el aire los llevó en su regazo a donde moran aquellos que realizaron el sacrificio del caballo. Por eso el aire es el conjunto de los diversos individuos, es el agregado de todas las cosas. Aquel que sabe esto, conquista la más lejana muerte. Después de esto, Bhujyu, el nieto de Lahya, se quedó en silencio.

Yājñavalkya dijo: «El ángel (gandharva) evidentemente te diría que...». Cuando su pregunta fue contestada Bhujyu preguntó: ¿y dónde fueron aquellos que realizaron el sacrificio del caballo? Para decirles dónde fueron Yājñavalkya les describió las dimensiones del orbe cósmico: «treinta y dos veces...» cerca de la montaña Lokāloka. Es el mundo que constituye el cuerpo de Virāj donde las personas cosechan el fruto de sus actos pasados. Todo ello es el Loka. Y más allá está el Aloka. Alrededor, cubriendo dos áreas de este mundo, está la tierra. Y del mismo modo alrededor de ella está el océano, al que los escritores de los Purāṇas llamarían después «agua de lluvia». Aquí se da el tamaño de la apertura en la unión de las dos partes de la concha cósmica. A través de esa apertura, como salida, aquellos que realizaron el sacrificio del caballo van fuera y se extienden. Tan fino como el filo de una navaja y el ala de una mosca es esa apertura en la unión (de la concha). La palabra «Indra» es un sinónimo de Dios. Aquí se refiere concretamente al fuego encendido en el sacrificio del caballo, y a la meditación en que se describe con las palabras «Su cabeza es el este» (I, 2, 3). El fuego (divino) en forma de halcón con alas, etc., salva a los descendientes de Parikṣit, que han realizado el sacrificio del caballo y han entregado el fuego al aire, ya que al ser denso él (el fuego) no tiene acceso ahí. El aire los situó en sí mismo y formaron parte de él. Allí, donde se encontraban aquellos que anteriormente realizaron este sacrificio. La historia termina así. Pero las escrituras nos dan el punto justo donde se dirigieron, poniendo por etapas la forma de la historia. Porque el aire (energía vital) es el ser interno de todos los seres, de los móviles y los inmóviles, y está también fuera de ellos. Por lo que es «el conjunto de los diversos individuos», en lo que se refiere al cuerpo, los elementos y los dioses. Y es además «el agregado» como energía vital cósmica. «Aquel que sabe esto» consigue la identidad con el aire en su forma individual y colectiva. Se dice lo que conquista la muerte más lejana, es decir, después de morir una vez ya no se muere más. Y al ser contestada esta pregunta, Bhujyu, el nieto de Lahya, se quedó en silencio.

NOTAS

34. Como apuntamos en el Brāhmaṇa anterior, que el ser humano liberado se desprenda de todo menos del nombre no quiere decir que se queda con su nombre personal y apellido, lo que sería una necedad. Se mantiene la conciencia en sí que se refleja en la consciencia o nombre.

35. Se trataría del «residuo» que quedará en el ser humano después de eliminar los resultados condicionados a las obras y los ritos.

36. Lo que resta en el ser humano liberado es la conciencia, la verdadera identidad del ser humano. No es algo que puede conseguirse mediante actos meritorios.

37. Esta expresión seguramente se refiere al que hace el sacrificio de su identidad ilusoria con el cuerpo al Ser que intuye como su verdadera identidad.

38. Manu es un personaje legendario que personifica al padre de la raza humana. Literalmente quiere decir «humano». Como legislador de las leyes divinas para uso de los seres humanos es un mensajero entre dioses y hombres.

39. «Virāj», literalmente «el que brilla», es una de las maneras de nombrar al Brahman condicionado. Dios. Luego están los que proyectan directamente el universo y demás. Hay que tener en cuenta que toda la serie de manifestaciones divinas son siempre proyecciones de la consciencia, creaciones de la mente universal.

40. La existencia fenoménica, a la que adjudicamos una realidad a partir de los datos sensoriales (percepción) y el pensamiento (deducción).

41. El tema es si las obras sólo pueden tener resultados dentro del ámbito de lo relativo o si por ellas se podría llegar a la liberación.

42. Quiere decir sin duda que es un instrumento para llegar a la autorrealización que es lo Absoluto. Esto requiere, como vamos viendo, que la materia se haga sátvica, es decir, armónica, pura. El cuerpo es templo de Dios.

43. Ángeles y músicos y cantores celestiales. Según la tradición védica, han sido transmisores de verdades ocultas para los humanos.

44. Como ya indicamos en la introducción a la tercera parte de este capítulo, se trata de Brahman condicionado, «el que brilla» literalmente. Se describe aquí por tanto un mundo que es el cuerpo de Dios. El loka, el lugar, es anterior al aloka, el no-lugar. Se refieren estos términos al límite entre lo manifestado y lo inmanifestado.

NOTA EDITORIAL DE TRABAJO

Se han eliminado artefactos de OCR, recompuesto palabras partidas y normalizado únicamente diacríticos sánscritos inequívocos, sin reescribir la traducción ni el comentario. Se conserva la redacción de la edición aun cuando alguna construcción resulte poco fluida. La separación entre texto de la Upaniṣad y comentario de Śaṅkara sigue el patrón del Brāhmaṇa anterior. Fuente: Consuelo Martín (ed.), Gran Upanisad del Bosque. Brihadaranyaka Upanisad con los comentarios advaita de Sankara, Trotta, 2002, pp. 251-260 (III.3 termina antes del encabezado del

Cuarto BRĀHMAṆA).